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TRECE TIPS PARA MEJORAR TU CAPACIDAD DE HABLAR EN PÚBLICO

junio 9, 2017 11:49 am by: Categoría: Hablar en público Deja un comentario A+ / A-

consejos para hablar en publico

En el fondo, ninguna de estas pautas es un dogma ni es más importante que otra. En realidad, esto de comunicar y hablar en público es un conjunto, un todo, una actitud ante tu audiencia que te lleva a transmitir tus ideas y contagiar tu entusiasmo. Seguramente, cuando los leas, recordarás a muchos grandes comunicadores que no las tienen en cuenta, pero descubrirás también que esas personas tienen mucha capacidad de gestión sobre sí mismas y transmiten mucha seguridad.

Si tuviera que resumirlas, tal vez, las dejaría en dos. Sé tú mismo y disfruta. Porque cuando te sientes bien haciendo algo y eres auténtico porque te muestras tal y como eres todo funciona.

Sé tú mismo:

La coherencia siempre tiene recompensa. Lo sé, la primera vez que alguien te dice algo así piensas «pero si siendo yo me ha ido fatal» pero hazme caso, no has sido tú hasta ahora, has sido la máscara y el personaje que te has inventado para sobrevivir en esa selva donde todo el mundo lanza su mensaje esperando llegar al máximo público posible. Ese no eres tú, es un híbrido desnaturalizado que busca gustar y que esconde sus diferencias como si no fueran parte de lo mucho que puede aportar. Lo primero de todo, conócete y abraza tus miedos, tus debilidades y tus fortalezas. Date cuenta de quién eres y reconoce que eres vulnerable… A menudo, en lo que escondemos de los demás porque nos avergüenza está la clave de lo que nos hace originales y distintos… Aprende de tus emociones y suéltate. No temas, ser tú mismo es lo mejor que puedes ofrecerle a los demás. La gente está harta de falsa perfección y admira cada vez más a personas que saben mostrarse como realmente son… Si no puedes solo, busca ayuda. Hay muchos profesionales que dominan el tema de la gestión de emociones y la Marca Personal para que encuentres la coherencia que hay en ti.  De todas las recomendaciones tal vez esta sea la más destacada.

Emociona:

Si no conectas, no comunicas.  Si no emocionas, no conectas. Las personas que llegan a nosotros lo hacen gracias a la emoción, a su capacidad para que sepamos qué siente y por qué están ante nosotros exponiendo un tema que nos puede interesar. Para recibir un alubión de datos, podemos leer artículos en internet o leer un libro sobre el tema, cuando vamos a una charla, una conferencia o un curso lo hacemos para establecer un vínculo con la persona que lo imparte. Queremos participar y notar cómo a ella le ha cambiado la vida lo que viene a contarnos. Queremos formar parte de ello. Por tanto, pon mucho de ti en lo que cuentas, habla desde tu visión particular, siempre que dejes claro que forma parte de tu experiencia y cosecha particular. Eso además te permitirá no caer en la monotonía y hacer inflexiones en tu voz que son muy importantes a la hora de comunicar.

Prepárate bien el tema:

¿Sabes? Esto va más encaminado a que te sientas seguro que no a tener más información. Evidentemente cuanto más sepas, mejor, pero no se trata de intoxicar a tu público con un montón de datos que lo aturdan y le hagan desconectar. Preparar el tema nos permitirá ensayar sin parar y sentirnos cómodos con él porque pensaremos que así no nos encontrarán en falso. Podemos preparanos un mapa mental o un esquema con los puntos más destacados del tema. Yo no soy partidaria de escribirlo todo y sujetarse en un guión férreo porque hace perder mucha naturalidad. Aunque en ocasiones hay que hacerlo si lo que vamos a dar es un discurso consensuado y queremos ser fieles a lo pactado. En caso de no ser así, que es lo que sucede en un 99 por ciento de los casos, lo que importa es saber de lo que hablas y sentirlo, a partir de ahí, podemos consultar en cualquier momento nuestro guión para buscar esa frase que se nos ocurrió o saber que no perderemos el hilo. Eso nos dará tranquilidad.

Cuenta historias:

Si hay algo que hace que un chisme o rumor se propaguen hasta el infinito es nuestra afición a las historias (eso además de fascinarnos  escudriñar las vidas ajenas para ahondar en sus miserias). El caso es que, dejando de lado algunos comportamientos que no nos benefician, contar historias es algo que ha traído hasta nosotros toda una tradición de siglos y siglos de leyendas. Cuando contamos historias conseguimos que nos hagan caso y parece que el mundo se pare. El «storytelling» no es una invención de esta era virtual, nuestras abuelas eran expertas ya en ello porque saben que es una forma de amenizar el discurso y generar expectación.

Habla el idioma de tu público:

¿Obvio? Te sorprendería la cantidad de personas que hacen un discurso para un grupo de pacientes como si fueran médicos o le hablan a personas que saben mucho del tema como si no supieran nada. Ya no hablo de usar tecnicismos, me refiero a conocer a tu público y entender qué busca en ti, qué espera y qué puedes ofrecerle. Y no hablo de fingir, hablo de saber si usar o no sentido del humor, cuál es su nivel de conocimiento sobre el tema a tratar, si es de un sector profesional concreto, si tiene una edad concreta y por qué razón acude a tu conferencia. Eso nos será útil para elaborar metáforas que hagan más comprensible el tema, saber hasta dónde llegar y con qué tono dirigirnos a él.

Escucha:

Ya he comentado otras veces que si no escuchas, no comunicas. Para empatizar con los demás, es necesario ponerse en su lugar y comprender. Para conseguir eso hace falta escuchar. No hablo de escuchar con los oídos solo, hablo de escuchar con todo el cuerpo. Con nuestra mirada, con nuestros gestos y nuestra postura corporal. No podemos estar toda la conferencia con una actitud cerrada y evasiva, porque ellos lo captarán en nuestro lenguaje corporal y se sentirán intimidados. Si no ponemos cara de aceptar preguntas ni querer ser cuestionados, no nos harán preguntas. Y eso generará incomodidad y a la larga no sólo nos impide aprender como personas y profesionales sino que perjudica nuestra reputación.

Usa el silencio:

A veces, uno vale más por lo que calla que por lo que dice. El silencio es una herramienta básica. Quien domina su silencio, domina su discurso. Saber cuándo callar para dar énfasis a lo que decimos y para que los que nos escuchan sepan que hemos dicho algo que deseamos destacar, para dejar tiempo a que lo digieran y comprendan porque es vital y nos parece importante… El silencio causa efecto, desaturde, facilia la comprensión, relaja, esponja el discurso y le da apariencia de diálogo para que así sea… Permite cruzar miradas y visualizar gestos.

Sé humilde y honesto:

Bueno, para hablar en público y para todo en esta vida pero nosotros tenemos 7 segundos para impactar en el otro. En ese tiempo, la audiencia decidirá si somos de fiar, si mentimos, si somos auténticos y si le interesamos… Nuestros gestos deben rearfirmar lo que somos y una actitud altanera y de superioridad provoca un rechazo seguro. Y no es algo que fingir, es algo que interiorizar hasta comprender que estar en un tarima ante un atril no nos hace mejores a los demás en nada y que sin ellos no estaríamos allí.

Y relacionado con la humildad, la honestidad… Sé honesto con todo. Si no lo sabes, no lo digas y admite. Siempre hay algo que tengo presente, que la persona que esté en nuestro público que menos sepa del tema, detectará que mentimos. Lo hará porque tenemos todos un detector especial para ello. Lo verá en tu rostro y tus ojos. No mientas, no compensa.

Asume que puedes equivocarte y que tú también estás ahí para aprender de ellos.

Usa un lenguaje sencillo y motivador:

No se trata de dejarles con la boca abierta porque usas palabras complicadas y frases retorcidas. Se trata de que salgan con ganas de más porque les has entusiasmado. No te compliques la vida. Frases cortas y sencillas, cargadas de ilusión y con ganas. Dilo fácil y ponle emoción, pasión, vida… Busca frases que te gusten de otros y dilas citándoles siempre, sin abusar de ellas porque puedes crear las tuyas propias para impactar. Cuanto más contundentes mejor, siempre que dejes lugar a que se cuestionen… Que se vayan con ganas de repetir y actuar. No te compliques, lo bueno no tiene porqué ser complicado, tiene que ser auténtico.

Transmite seguridad:

Seguridad no es prepotencia, es estar cómodo y sentirse bien con uno mismo. Conoce tu lenguaje no verbal y úsalo para comunicar todavía más.

Como dice Teresa Baró en su artículo Cinco hábitos de una buena comunicación  «El cuerpo es reflejo de nuestros pensamientos y de cómo nos sentimos. La buena noticia es que cambiando nuestro lenguaje corporal podemos incidir en nuestras emociones, actitudes y personalidad». Por ello, es importante gestionar emociones y entender qué transmite nuestro lenguaje corporal, para poder trabajar en él. Ya hemos contado en otras ocasiones que cuando tranformamos nuestro lenguaje no verbal podemos cambiar algunos aspectos de nuestro estado de ánimo. Ello abre la puerta a poder cambiar a partir de esta herramienta tan fantástica para comunicar. Cuando hablamos en público, es muy útil usar la denominada «posición de poder». Se trata de encontrar equilibrio, verticalidad y firmeza para mostrarnos seguros de nosotros mismos y también sentirnos así. Se trata de una posición con la cabeza recta y erguida, la barbilla perpendicular al suelo, los hombros rectos y relajados, las piernas ligeramente flexionadas… Firme pero relajado… Con ganas de mostrarte, sin encogerte ni bajar la cabeza, con paso firme pero suelto…

Usa gestos abiertos, sobre todo la manos, muestra las palmas para que se note que no escondes nada. Separa ligeramente los pies y procura que no se inclinen ni ellos ni tu tronco hacia la puerta, para que no parezca que intentar huir. Procura que tus pies no bailen nerviosos, cuesta mucho dominarlos… No te toques la cara ni te rasques, no te cruces de brazos ni juegues con un bolígrafo o sujetes nada en las manos…  No eres un robot, eres un ser humano.

No te desplaces compulsivamente por el escenario, muévete tranquilo porque si no desvías la atención.

Y si haces algo de todo esto, no pasa nada… Lo que cuenta es ser consciente de ello y aprender de uno mismo.

Mantén el contacto visual:

Nada transmite tanta sinceridad que mantener la mirada. No hay nada que no comuniquen tus ojos. Cuando miras a los demás les estás diciendo que te importan y que te interesa lo que piensan y sienten. Además, es una forma de que no pierdan el hilo y se mantenga la atención. Mira a todos los que están en la sala, haz un barrido, busca su complicidad y su empatía… Busca que te escuchen y conecta con sus ojos para que sepan que les hablas a ellos. Eso estrecha lazos y genera una agradable sensación  de compartir intereses.

Sonríe:

La sonrisa se contagia. No hablo de reir, hablo de sonreír y hacer que se sientan como en casa. La gente adora a las personas que sonríen porque huye las personas que están apenadas. El que sonríe dice «estoy cómodo aquí, no quisiera estar en ningún otro lugar» y eso hace que las personas que nos escuchan sepan que estamos poniendo todo nuestro esfuerzo y empeño para ellos. La sonrisa no debe forzarse. Ya hemos explicado en otras ocasiones que la sonrisa real es la que nace en los ojos. Si los ojos no sonríen se nota. Nada de sonreír falsamente y mostrar toda la dentadura. Mejor esbozar una sonrisa leve, llamada sonrisa social, que indica a los demás que nos sentimos bien. Vale la pena prestar mucha atención a la sonrisa porque es una carta de presentación excelente.

Disfruta:

La pasión es tu combustible. Siéntete libre y suéltate. Fluye con lo que haces porque te gusta, porque amas cada minuto que pasas transmitiendo a otros lo que sabes porque quieres aportar y compartir. Nota que tienes el poder de comunicar y siéntete uno con tu mensaje y tu discurso. Si quieres entusiasmar, estusiásmate y disfruta con cada momento. Cuando lo haces, se nota, se palpa, se contagia.

Recuerda que siempre estamos comunicando, incluso cuando creemos no comunicar nada.

Si todas estas normas te agobian y no te ayudan porque son para ti demasiada información de golpe, sencillamente sal con ganas de compartir y sé tú mismo. De todo se sale y de todo se aprende. Lo que cuenta es confiar en ti y asumir la responsabilidad de lo que haces. Si cuando todo acaba te sientes bien, seguro que las personas que te han acompañado, también lo notan.

Comunicamos lo que sentimos y lo que creemos que somos.

GRACIAS POR LEER  ESTE POST.

ESPERO VUESTROS COMENTARIOS.

SALUDOS
MERCÈ ROURA

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Acerca de Mercè Roura

Mercè Roura. Soy periodista y formadora en comunicación, inteligencia emocional y marca personal. Estudié en la Universidad Autónoma de Barcelona y dediqué unos cuantos años a la radio y la televisión. Aprendí mucho trabajando en programas informativos tratando temas de política y economía. Dediqué más de diez años de mi carrera a moderar tertulias y programas de debate político en la televisión. En 2007 empecé a dar un giro a mi carrera, después de formarme en diversos cursos de oratoria, lenguaje no verbal y marca personal. Descubrí mi vocación por formar y ayudar a las personas a sacar su talento a la luz y conseguir que muestren todo su potencial. Allí empecé mi camino como formadora, una tarea que me apasiona. Actualmente estoy cursando un Máster en Inteligencia Emocional aplicado a la formación. Una de mis grandes pasiones son las palabras. Siempre he pensado que tienen mucho poder y que nos pueden ayudar a cambiar el mundo. Fruto de ello empecé un blog en 2011 que culminó en 2015 con la publicación de un libro “Amo la Imprudencia de mis palabras”.

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