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¿PRESCINDIR DEL PROTOCOLO?

febrero 15, 2016 10:38 am by: Categoría: Protocolo Personal Deja un comentario A+ / A-

prescindir del protocolo

Son muchos los que siguen percibiendo el protocolo como algo rígido, inflexible y centrado exclusivamente en cuestiones de etiqueta que afectan solo a la realeza. Es cierto que hasta hace poco tiempo la RAE definía protocolo como “regla ceremonial diplomática o palatina establecida por decreto o por costumbre”, una definición que ciertamente no se ajustaba a la realidad y que podía dar esa visión equivocada que tienen quienes presumen de “saltarse un protocolo” al que después culpan por no haber sido invitados a un determinado acto o no tener asignada la ubicación deseada en el mismo.

En más de una ocasión hemos escuchado como personas que necesitan y se sirven del protocolo en su trabajo, “presumen” de ser poco “protocolarios”. Hace un tiempo leí un artículo en el que cierta personalidad manifestaba no considerarse un “obsesionado del protocolo” porque la gente se podía dirigir a él de la forma que creyese más conveniente.

Los de protocolo repetimos una y otra vez (aunque parece que no es suficiente) que el hecho de mostrar cercanía, amabilidad y de huir de la excesiva afectación en el trato, poco tiene que ver con no ser “protocolario”. Se trata únicamente de una cuestión de buena educación y de saber adaptarse a cada circunstancia, el respeto en el trato con los demás debe ser mutuo y tan arrogante es el que exige un determinado tratamiento a quien desconoce el uso del mismo, como quien conociendo las reglas básicas de la cortesía las incumple presumiendo de una “naturalidad” que en la mayoría de los casos resulta artificial.

La arrogancia o inflexibilidad no son defectos propios del protocolo, como tampoco son virtudes del mismo la naturalidad o amabilidad. Estas faltas o cualidades son más bien atribuibles a las personas y todos somos susceptibles de tenerlas en mayor o menor grado. El protocolo, precisamente, aporta las herramientas necesarias para lidiar con todas ellas en situaciones donde el entendimiento y la cordialidad son necesarios para llevar a buen término acciones conjuntas.

Por tanto, prescindir del protocolo -es decir, de todo aquello que nos ayuda a equilibrar los diferentes intereses personales favoreciendo la fluidez en nuestras interacciones- pone de manifiesto nuestra vanidad, más que nuestra naturalidad. Una vanidad que nos hace creer que en la balanza siempre pesan más nuestras virtudes que las de los demás y que nos lleva erróneamente a prescindir de lo imprescindible.

¡ESPERO VUESTROS COMENATRIOS!

SALUDOS.

BELÉN EGEA.

 

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Acerca de Belen Egea

Licenciada en Filosofía y Letras y especialista en Historia del Arte y Postgrado en Gestión de Patrimonio Cultural por la Universidad de Zaragoza. Especialista Universitario en Protocolo y Ceremonial del Estado e Internacional por la Universidad de Oviedo y Escuela Diplomática de Madrid. Experto Universitario en Protocolo y Ceremonial por Escuela Internacional de Protocolo de Aragón y la Universidad Miguel Hernández de Elche.

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