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EDUCACIÓN DIGITAL DE LOS HIJOS

febrero 8, 2017 11:24 am by: Categoría: Tu Comunicación Online Deja un comentario A+ / A-

Conectar para enseñar a desconectar.

educación digital niños

Desde muy pequeños mis hijos comenzaron a trepar, les fascinaba subir a lo más alto y escalar toda pendiente que se prestase a ello. Así que pronto tuve que “reprimir” esos instintos sobreprotectores que me incitaban a prohibir por sistema sus escaladas, comprendiendo que era mejor ayudarles a ascender con seguridad y, por supuesto, atenderles en caso de que se produjese alguna caída. Privarles de aquello que -aún a pesar de los riesgos que entraña-no es en sí negativo, no tiene mucho sentido. No podemos (ni debemos) controlar todos y cada uno de sus movimientos, pero sí intentar darles las herramientas para que se muevan con la seguridad que hace posible volver a levantarse cada vez que uno cae.

Como padres nos toca acompañar en un proceso de aprendizaje constante del que también formamos parte. Se nos supone una madurez forjada con la experiencia que puede ayudar y guiar a nuestros hijos en aquellas cuestiones que ellos abordan por primera vez. Ese acompañamiento no es sencillo, exige gran esfuerzo y responsabilidad por nuestra parte. Porque a pesar de contar con la experiencia que nos da haber vivido ciertas situaciones, el paso del tiempo nos demuestra que cada día hay algo nuevo que aprender, algo que, si hubiésemos conocido antes, probablemente hubiese cambiado la perspectiva de esas experiencias.

Tenemos, por tanto, una doble tarea. Por un lado, la de acompañar a nuestros hijos en su proceso de aprendizaje, y por otro, la de no descuidar nuestra propia necesidad de seguir aprendiendo cada día. Contamos con la ventaja de la experiencia acumulada, pero de poco sirve ésta si no sabemos aplicarla a nuevos contextos y situaciones. En ocasiones tendemos a añorar con nostalgia el tiempo pasado rechazando por sistema lo nuevo, lo desconocido. Otras veces, sin embargo, cometemos la osadía de desterrar ese pasado idealizando todo lo que suene a innovación. Nos cuesta encontrar ese punto intermedio en el que puede y debe convivir lo positivo de ese pasado que añade valor a las necesidades del presente que nos toca vivir.

Y, ese presente, del que tanto padres como hijos formamos parte está viviendo una revolución digital de la que no podemos, ni debemos escapar. Una revolución en el mundo de la comunicación que afecta sin duda a nuestra manera de relacionarnos con los demás y con nuestro entorno, una revolución que debemos encarar para descubrir todo lo positivo y negativo que hay en ella. Hace tiempo que internet nos abrió una ventana al mundo descubriéndonos la posibilidad de acceder de forma rápida a gran cantidad de información, una ventaja sin duda si sabemos utilizarla de forma correcta. Pero además nos permitió compartir esa información con otras personas e incluso generar nuevas redes sociales fuera de los medios tradicionales, unas redes virtuales en las que además de compartir información se intercambian opiniones, consejos e incluso emociones.

Y, posteriormente, la llegada de los teléfonos inteligentes hizo posible que nuestro acceso a toda esa información y a esas redes fuese permanente, convirtiéndose en un arma de doble filo. Ya que, si no controlamos ese acceso -que en ocasiones puede resultar muy útil- nuestra conexión permanente puede llegar a controlarnos a nosotros. Porque nunca deberíamos perder de vista el hecho de que tanto internet como los soportes tecnológicos que nos permiten su acceso son tan solo un medio para conseguir ciertas experiencias que nunca deberían eclipsar nuestras vivencias no virtuales.

Como padres no podemos obviar un mundo virtual en el que nuestros hijos se hallan -o hallarán- en mayor o menor grado inmersos (videojuegos, tutoriales de YouTube, Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, WhatsApp…). De nada nos servirá dar la espalda a una realidad que debemos asumir sin temor, siendo además conscientes de lo que podemos aportar con nuestra experiencia. Prohibir por sistema o criticar lo que no se conoce no les será de gran ayuda, por el contrario, tratar de darles las herramientas que les ayuden a minimizar los riesgos que conlleva adentrarse en ese mundo seguramente será más beneficioso.

Estar conectados puede ser también útil y enriquecedor siempre que seamos conscientes del hecho de estarlo. No debemos olvidar el alcance de todo lo que decimos y mostramos en el mundo virtual, porque en éste todo se magnifica, para lo bueno y para lo malo. Los padres debemos ser conscientes de ello siendo ejemplo de respeto, tolerancia, paciencia, prudencia y coherencia en nuestra vida cotidiana, ya que todas estas actitudes serán de gran ayuda tanto en el mundo real como en el virtual.

Y nuestro ejemplo debe trasladarse también a ese mundo virtual del que la mayoría, aunque a veces no seamos muy conscientes, hemos comenzado a formar parte. Por eso, debemos cuidar lo que compartirnos, lo que decimos, lo que pedimos y lo que exigimos en ciertas comunidades virtuales. Renegar de ellas por sistema tampoco sirve, porque de una u otra forma, directa o indirectamente -salvo que estemos totalmente aislados del mundo- llegan hasta nosotros. Debemos, por tanto, desenvolvernos en estos  nuevos foros digitales con naturalidad, educación y prudencia, utilizando las nuevas tecnologías como una herramienta de comunicación muy útil si se utiliza de forma consciente y controlada.

Conectar y formar parte del mundo digital no significa desterrar lo positivo de nuestras experiencias fuera de él. Como padres debemos ser capaces de encontrar ese equilibrio que ayudará a crecer a nuestros hijos siendo capaces de desenvolverse en cualquier circunstancia del mundo virtual o no virtual. Y, para encontrar ese equilibrio, debemos ser los primeros en hacer un uso racional y adecuado de ese mundo digital que nos ha revolucionado a todos de forma más o menos consciente, siendo capaces de integrar las ventajas que tiene, así como de prevenir los riesgos que también conlleva.

Como todo medio o herramienta que puede ayudarnos a desarrollar una actividad determinada, tenemos que conocer bien su uso y adaptarlo a cada etapa educativa. Igual que no dejamos utilizar un martillo a un niño de dos años o permitimos conducir nuestro coche a uno de diez, tampoco deberíamos dejar usar ciertos medios o herramientas digitales en determinadas edades, y si lo hacemos, siempre debería ser bajo nuestra supervisión. El problema es que todos conocemos perfectamente el daño que pueden provocar un martillo y un coche si no se utilizan correctamente, pero andamos algo despistados con los efectos que algunos dispositivos pueden provocar en nuestros hijos.

Surgen debates en torno a qué edad deberían tener móvil los niños, sobre si es adecuado o no el uso de ordenadores en el aula, e incluso sobre el peligro de uso de tabletas para los más pequeños. Pero mientras debatimos sobre posturas que aunque contradictorias están -tanto unas como otras- avaladas por estudios científicos, la realidad sigue avanzando dejando en la intuición más o menos acertada de los padres la responsabilidad de una educación digital en la que también nosotros nos estamos formando.

Así que, basándonos en las posturas contradictorias, en la intuición y en la experiencia, algunos padres nos adentramos en este mundo digital tratando de encontrar cierto equilibrio y dejando utilizar a nuestros hijos las nuevas tecnologías de forma controlada. Como instrumento con el que pueden aprender, divertirse y comunicarse, pero que como toda herramienta debe ser bien manejada para que sea útil y, sobre todo, siendo conscientes de que tan solo es una herramienta más que nosotros manejamos y que no puede sustituir otras formas de aprendizaje, juego e interacción donde la naturaleza, las personas y, en definitiva, el mundo real que nos rodea, son los verdaderos protagonistas Unos protagonistas que merecen toda nuestra atención, una atención plena que solo se consigue cuando somos capaces de desconectar para disfrutar de todo lo que hay más allá de la pantalla.

 

Si quieres saber más sobre la comunicación en internet y redes sociales, no dejes de leer el artículo “El valor de la discreción” escrito por Belén Egea http://pruebatemagazine.com/el-valor-de-la-discrecion/

 

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BELÉN EGEA.
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Acerca de Belen Egea

Licenciada en Filosofía y Letras y especialista en Historia del Arte y Postgrado en Gestión de Patrimonio Cultural por la Universidad de Zaragoza. Especialista Universitario en Protocolo y Ceremonial del Estado e Internacional por la Universidad de Oviedo y Escuela Diplomática de Madrid. Experto Universitario en Protocolo y Ceremonial por Escuela Internacional de Protocolo de Aragón y la Universidad Miguel Hernández de Elche.

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