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CUANDO TODO SALE MAL ¡MALDITA SEA!

CUANDO TODO SALE MAL ¡MALDITA SEA!

julio 4, 2014 12:29 pm by: Categoría: Hablar en público 1 Comentario A+ / A-

Imagina que tienes que hacer la presentación de tu vida, en tu empresa. Te juegas mucho en el envite. No te queda más remedio que hacerlo bien; mejor dicho, muy bien. Tienes que impresionar. Y te empiezas a poner nervioso pensando en todo lo que te juegas al día siguiente.

Lo cierto es que no deberías estar excesivamente preocupado, si acaso algo tenso por la responsabilidad, pero nada más.

Ya has elegido hasta la ropa que vas a llevar. Si eres chico un traje tradicional, con corbata roja, para que tu comunicación no verbal transmita fuerza, coraje y potencia. Si eres chica también te pones algo rojo y evitas el vestido y usas pantalón. Aunque esto de los colores va en gustos.

Está todo listo, nada puede salir mal. Te has preparado a conciencia esa presentación. La has ensayado más de cincuenta veces. Algunos de tus colegas se han reído de lo lindo a tu costa y en tu cara porque piensan que te has pasado con tanto ensayo. Tú, sin embargo, no has hecho caso y has seguido a lo tuyo, que la ocasión lo merece.

Llega el día de la presentación. Es a primera hora de la mañana, a eso de las diez. Tardas quince minutos en llegar al lugar desde casa y, como quieres estar allí con tiempo suficiente, sales una hora antes. Te despides de los niños que están desayunando y como saben que es un día importante te comen a besos y abrazos.

Coges tu maletín y sales corriendo. Llegas con tiempo más que suficiente. Estáis tú y el apuntador, es decir, el informático que prepara todo para que puedas hacer tu presentación.

Decides dar una vuelta por el escenario para ver cómo está, porque a ti te gusta moverte. Una presentación sentado y detrás de una mesa quita mucha fuerza y tú lo sabes. Mientras paseas por el escenario… ¡maldita sea! Te das cuenta de que tienes la chaqueta manchada. Tus hijos con tanto cariño y tanto abrazo te han dejado los restos de sus besos y del Cola Cao en la ropa. ¡Menudo disgusto! ¿Y ahora qué hago?

Tranquilízate, te quitas la chaqueta y como llevas una camisa que no está manchada, haces tu trabajo como si nada. En el caso de las chicas es más sencillo, pero si se trata de un chico, hacer una presentación con traje y corbata sin chaqueta puede quedar algo raro.

Así que decides pedir una chaqueta prestada a un compañero que seguro que la encuentras en la sala, y de tu talla.

El informático te pide que le pases el pendrive con la documentación para cargarla. Buscas y rebuscas en tu maletín y no la encuentras. De nuevo, ¡maldita sea! ¿Dónde lo habré dejado? Recuerdas que ayer estuviste haciendo un cambio de última hora y dejaste el pendrive en el portátil. Era la última versión. Y por si fuera poco tampoco tienes los papeles impresos con la presentación para seguir el guión.

La cosa se empieza a poner fea, ¿eh? Ya solo te falta que, como eres chica y llevas tacones, se te rompa un tacón. Y se te rompe, ¡maldita sea! Y ahora ¿qué?

No puedes andar por el escenario con un tacón sí y un tacón no, sin chaqueta y sin presentación. “Creo que lo mejor será que simule un desmayo y que me lleven al hospital y así paso el trance sin que se den cuenta de cómo he metido la pata hasta el fondo”. Vale, es una solución, pero no es tu solución.

Con los tacones puedes hacer dos cosas, romper el otro para igualarlo –lo que no sé si será muy práctico–  o ir al coche, que está a medio minuto de la sala y coger esas zapatillas que siempre llevas para conducir. ¡Pero cómo voy a dar una charla en zapatillas! Bueno, porque lo primero es dar esa charla y luego lo otro. Y, además, no creo que nadie se percate.

“¡Sí, vale, pero sigo sin tener la presentación ni los papeles para seguir el guión!”. Sí, eso es cierto, creo que deberías pegarte un tiro. O quizá recordar las risas y burlas de tus compañeros porque te pasabas el día preparando esa exposición, más de cincuenta veces. Vamos, que te la sabes de memoria. No te hace falta guión ni nada.

Y tú, que no eres cobarde decides seguir adelante. Cuando llega la hora, simplemente explicas que no hay powerpoint porque lo importante es lo que vas a transmitir y lo que el auditorio te va a transmitir a ti. Así, de una debilidad has hecho virtud. El auditorio pensará que qué maja es esta chica, o qué majo es este chico, que en vez de poner tediosas diapositivas piensa en los que escuchan.

Claro que en la presentación había gráficos y tú tienes que hablar sobre el tema. No importa, habla sobre ello y cuando tengas que referirte a un gráfico hazlo de forma genérica y diles que podrías haberles traído veinte gráficos para ponérselos pero que no has querido hacerlo por respeto a ellos. Con esto te los vas a meter en el bolsillo; nadie tiene por qué enterarse que nada de lo que tenías preparado te ha salido bien.

Durante tu charla cuentas algunas anécdotas, cosas que ocurren cotidianamente en la empresa y que a todos les interesa porque han vivido situaciones similares o relacionadas con lo que estás contando. Sin comerlo ni beberlo, has logrado llegar a su corazón.

¿Qué he querido transmitirte con todo esto? Simplemente que la ley de Murphy existe, que si algo puede salir bien saldrá mal y que si algo puede salir mal saldrá peor. Claro, que saldrá peor si tú no haces nada frente a los contratiempos, si te acobardas porque no tienes la presentación ni los papeles.

Si decides que sin ese apoyo no puedes salir adelante fracasarás, pero si por el contrario haces frente a la situación tienes muchas papeletas para salir triunfante, seguro. Y solo por dos razones, porque eres valiente y porque te lo has preparado a conciencia.

Por muy mal que se pongan las cosas, si te lo has trabajado todo saldrá bien.

Es una de las leyes de oro para hablar en público: ensayar, ensayar y ensayar. Y cuando hayas terminado de ensayar, continua ensayando. Y al tal Murphy ese, que le den morcillas.

 

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Esta entrada no sirve de mucho sin el resto de las anteriores ni de las posteriores. Una campaña de comunicación no es una acción aislada sino un conjunto de estrategias que nos llevan a un mismo fin: lograr presencia mediática.

 

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Acerca de Juanma Romero

Soy licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo Electrónico por el Grupo Recoletos. Redactor de TVE desde 1985, con responsabilidades en los telediarios de TVE. Entre 2007 y 2012 he sido editor de informativos de Canal 24 Horas. Posteriormente director de Los Desayunos de TVE. En la actualidad soy director y presentador de Emprende, programa que emite semanalmente Canal 24 Horas y todos los canales internacionales de TVE. Desde 2007 hasta 2013 he sido considerado uno de los 10 mejores profesionales de Comunicación en España según Top Ten Business Experts. En 2014 he recibido dos premios de ámbito nacional por mi aportación al mundo del emprendimiento. Soy coautor de ¡Que se entere todo el mundo! (2013), editado por Empresa Activa, de Uso y abuso de la tecnología (2006) editado por Sekotia, y de En patera y haciendo agua (2011), editado en formato digital; fue el primer libro bilingüe en castellano y lenguaje SMS publicado en la Unión Europea. En noviembre de 2013 viajé a San Francisco, California. Allí impartí un taller en el Spain Tech Center, a las empresas instaladas en la aceleradora que allí han emplazado ICEX España Exportación e Inversiones, Red.es y Fundación Santander.

Comentarios (1)

  • Paco Castaño

    Marina, Juanma, Qué artículo tan interesante y tan emocionante. Hasta el final no he sabido si acababa en suicidio o en “salida por la Puerta Grande”.

    Desde luego que la preparación en su más amplio estilo es fundamental. Preparación semanas antes del evento y preparación ese mismo día (llegar pronto, revisarlo todo, etc.)

    Estoy también de acuerdo en que tenemos más capacidad de la que pensamos y que en momentos críticos es cuando hemos de tirar de ella. Tal como lo cuentas, pareciera que te saldrá mejor la presentación tras todos los avatares que te han acontecido, y que es mejor que te hayan pasado, cosa que no creo (aunque nunca lo sabremos porque esa conferencia sólo se realizará una vez en la vida). Lo que sí será cierto es que tu autoestima va a crecer hasta las nubes al afrontar una situación que de entrada te hubiera rebasado.

    Yo hubiera sugerido ir a beber un vaso de agua y frente a él hacer un esquema de cuatro ideas fundamentales en media cuartilla, de las cuales no me gustaría olvidarme y así evitar dejárselo todo a la memoria.

    Gracias por el artículo.

    PAco

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